La suerte casi nunca llega sola
«Normalmente llamamos suerte a una historia que no conocemos completa.»
Ayer España volvió a hacer historia.
Durante unas horas parecía que el país entero se hubiera detenido.
Las terrazas llenas.
Las camisetas de la selección por todas partes.
Los grupos de WhatsApp echando humo.
Y esa sensación tan bonita de sentir que, por un momento, todos remábamos en la misma dirección.
Aunque solo once estuvieran en el campo, todos sentíamos que jugábamos ese partido.
Y mientras veía la celebración pensé en una palabra que aparece siempre cuando alguien consigue algo grande.
La suerte.
Qué suerte tienen.
Qué suerte ha tenido España.
Qué suerte tiene ese jugador.
Pero la suerte suele ser el nombre que le ponemos a todo aquello que no hemos visto.
Hoy quiero contarte una historia que no sabía.
La de Lamine Yamal.
Quizá conozcas al futbolista.
Lo que yo no conocía era el origen de su nombre.
Sus padres atravesaban una situación muy complicada cuando nació y dos personas les ayudaron cuando más lo necesitaban. Lo acogieron y les tendieron la mano. En agradecimiento, decidieron poner a su hijo los nombres de esas dos personas: Lamine y Yamal.
Hoy ese niño juega con la selección española.
Ha ganado una Eurocopa.
Ha disputado un Mundial.
Es una de las grandes promesas del fútbol mundial.
Es una historia preciosa.
Pero sería un error pensar que todo ha sido cuestión de suerte.
Porque entre aquel niño y el jugador que hoy vemos levantar títulos hay miles de horas que nadie ha visto.
Entrenamientos.
Renuncias.
Disciplina.
Hábitos.
Esfuerzo.
Partidos buenos.
Y otros no tanto.
Días con ganas.
Y días en los que seguramente no las habría.
Porque el talento abre puertas.
Pero la constancia es la que te permite atravesarlas.
Y eso ocurre exactamente igual en las empresas.
Hay organizaciones que vemos crecer y pensamos:
"Han tenido suerte."
Pero no vemos las decisiones difíciles.
Las inversiones en formación.
Las conversaciones incómodas.
Los errores de los que aprendieron.
Las veces que volvieron a empezar cuando algo no salió bien.
Las empresas extraordinarias tampoco nacen de un día para otro.
Se construyen.
Igual que los grandes deportistas.
Igual que los grandes líderes.
Igual que los grandes comerciales.
Porque vender bien tampoco depende de la suerte.
Depende de entrenar una y otra vez hasta que, cuando llega la conversación importante, ya no improvisas.
Solo haces aquello para lo que llevas mucho tiempo preparándote.
Hoy quiero felicitar a nuestra selección.
Pero también quiero felicitar a todos los que entienden que los grandes resultados nunca aparecen por casualidad.
Son el reflejo de cientos de pequeñas decisiones tomadas cuando nadie estaba mirando.
Porque igual que un Mundial no se gana solo en una final, una gran venta tampoco se consigue improvisando. Se construye mucho antes.
¿Qué decisión estás tomando hoy para que, dentro de unos años, alguien diga que has tenido suerte?
El enlace de arriba podría ser una...
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