Mentalidad · 27 de julio de 2026

Los superpoderes sí existen

Andrea Corbalán

Ayer Emma perdió otro diente.

Y, como cada vez que ocurre, apareció la emoción del Ratoncito Pérez.

Pero esta vez hubo una diferencia.
Ya no fue mamá quien preparó el diente.

Ella sola fue a buscar el ratoncito de tela donde guardamos los dientes.

Lo metió en su bolsillo.

Preparó todo con un cuidado increíble.

Y, además, hizo algo que me emocionó.

Le pintó un dibujo.

Y le escribió una carta.

Mientras la escribía no pude evitar preguntarle:
—Emma, ¿qué le has puesto al Ratoncito Pérez?

Me miró con esa naturalidad que solo tienen los niños y me dijo:
—Que me regale superpoderes.

Sonreí.
Porque, si soy sincera...

yo también quise tener superpoderes.

¿Quién no ha querido alguna vez volar como Superman?
Trepar edificios como Spiderman.

O detener el tiempo.

Pero, conforme vas creciendo, descubres que esos superpoderes no existen.
O, al menos, no existen como imaginábamos.

Porque con los años he descubierto que sí hay personas con superpoderes.
Solo que sus poderes son distintos.

Hay personas capaces de escuchar cuando todo el mundo habla.

Otras consiguen que alguien vuelva a creer en sí mismo después de una conversación de diez minutos.

Hay quien transmite calma cuando todos están nerviosos.

Hay líderes que hacen crecer a las personas que tienen alrededor.

Hay profesores que despiertan vocaciones.

Hay comerciales que no venden un producto, sino tranquilidad.

Hay compañeros que aparecen justo cuando más los necesitas.

Y hay personas que, sin darse cuenta, cambian una vida simplemente porque estuvieron donde tenían que estar en el momento adecuado.

Ese también es un superpoder.

Desde que asumí la presidencia de Rotary hay una idea que me acompaña continuamente.

Todos tenemos la capacidad de mejorar un poco la vida de alguien.
No hace falta llevar capa.

Ni volar.

Ni tener fuerza sobrehumana.

Basta con utilizar aquello que haces bien para ponerlo al servicio de los demás.

Porque, sin saberlo, muchas veces somos el héroe de una historia que ni siquiera conocemos.

Una conversación.
Una oportunidad.

Un consejo.

Una formación.

Un gesto.

Puede cambiar mucho más de lo que imaginamos.
Y creo que esa es una de las mayores responsabilidades que tenemos.

Descubrir cuál es nuestro don.

Y utilizarlo.

Porque quizá ese sea nuestro verdadero superpoder.

La formación no consiste únicamente en aprender cosas nuevas. Consiste en descubrir capacidades que muchas veces ya estaban dentro de nosotros y darles las herramientas para que puedan ayudar a otras personas.

Porque un buen líder, un buen comercial o un buen profesional no destaca solo por lo que sabe. Destaca por el impacto que genera en quienes le rodean.

¿Cuál es ese talento que tienes y que hace que las personas que te rodean vivan un poco mejor gracias a ti?

Estos los mando por correo antes que a ningún sitio. Apúntate y te llegan a ti.

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