Cuando nadie nos ve...
Hay una escena que veo muchas veces cuando voy conduciendo.
Un semáforo en rojo.
No viene ningún coche.
No hay policías.
No hay cámaras.
Y, aun así, unas personas esperan pacientemente a que se ponga en verde.
Otras aceleran y pasan.
Es curioso.
La diferencia no está en que unos conozcan la norma y otros no.
Los dos saben perfectamente lo que tienen que hacer.
La diferencia está en lo que cada uno decide hacer cuando nadie le está vigilando.
Y en las empresas ocurre exactamente igual.
No construimos una cultura porque exista un protocolo.
Ni porque haya un cartel en la pared.
Ni porque Recursos Humanos envíe un correo.
La cultura aparece en los pequeños momentos.
Cuando alguien hace una broma que puede incomodar a un compañero.
Cuando un responsable escucha un comentario fuera de lugar.
Cuando llega un correo a las diez de la noche.
Cuando una persona utiliza una herramienta de Inteligencia Artificial sin preguntarse si está compartiendo información confidencial.
Es ahí donde realmente se pone a prueba una organización.
No cuando hay una inspección.
No cuando llega una auditoría.
Sino en esos momentos en los que nadie está mirando.
Por eso, muchas veces me preguntan:
—Andrea, ¿de verdad sirven estas formaciones obligatorias?
Y siempre respondo lo mismo.
Un curso, por sí solo, no cambia una empresa.
Lo que hace es dar a las personas un punto de partida común.
Un lenguaje común.
Un criterio común.
Después será cada organización la que decida si aquello se queda en un diploma... o forma parte de su manera de trabajar.
Porque la diferencia entre cumplir una obligación y construir una cultura no está en las horas de formación.
Está en lo que ocurre al día siguiente.
Si mañana nadie estuviera mirando... ¿tu equipo seguiría haciendo las cosas igual de bien?
Esto lo trabajamos también en clase. Cursos de liderazgo y equipos.
Estos los mando por correo antes que a ningún sitio. Apúntate y te llegan a ti.
