La confianza tarda años en construirse y cinco minutos en romperse
Hace unos días hablaba con un empresario sobre algo que no tenía nada que ver con la formación.
O eso parecía.
Me decía:
—Andrea, llevamos quince años trabajando con algunos clientes.
Y añadió una frase que me hizo pensar.
—Lo más difícil no fue conseguirlos. Lo más difícil fue que confiaran en nosotros.
Y tiene razón.
La confianza no aparece de un día para otro.
Se construye.
Con pequeños detalles.
Cumpliendo lo que prometes.
Contestando cuando dices que vas a contestar.
Reconociendo un error cuando lo cometes.
Haciendo las cosas bien incluso cuando nadie te está mirando.
Pero lo curioso es que, aunque la confianza tarda años en construirse...
Puede romperse en cuestión de minutos.
Una mala decisión.
Una conversación mal gestionada.
Un comentario fuera de lugar.
Una situación de acoso que nadie supo afrontar.
Una discriminación que se dejó pasar.
Una utilización inadecuada de una herramienta de Inteligencia Artificial.
Y, de repente, aquello que tanto costó construir empieza a tambalearse.
Por eso creo que muchas veces nos equivocamos cuando hablamos de formación obligatoria.
Pensamos que se trata únicamente de cumplir una norma.
Y, en realidad, también estamos protegiendo algo mucho más valioso.
La confianza.
La de nuestros trabajadores.
La de nuestros clientes.
La de las personas que algún día querrán trabajar con nosotros.
Porque una empresa no solo transmite confianza por el producto que vende.
También por la forma en la que trata a las personas.
Y eso, cada vez más, marca la diferencia.
No se trata de hacer un curso porque lo diga una ley (que también)
Se trata de construir una empresa de la que puedas sentirte orgulloso.
Y eso empieza mucho antes de que aparezca un problema.
¿Qué imagen transmite tu empresa cuando alguien entra a trabajar en ella por primera vez?
Esto lo trabajamos también en clase. Cursos de liderazgo y equipos.
Estos los mando por correo antes que a ningún sitio. Apúntate y te llegan a ti.
