Talento · 1 de septiembre de 2026

Cuanto más aprendo, menos experto me

«La seguridad sin conocimiento es peligrosa. El conocimiento sin seguridad también.»

Andrea Corbalán

Hay algo que siempre me ha parecido curioso.

Conozco personas brillantísimas que, antes de hablar, piensan:
"¿Y quién soy yo para decir esto?"

Y otras que hacen un curso de ventas de 8 horas y salen pensando:
“Bueno, pues ventas ya estaría.”

Unas sufren el famoso síndrome del impostor.
Las otras… todavía no le hemos puesto un nombre tan elegante.

¿Te suena?

En las empresas veo muchísimo los dos extremos.

El comercial que sabe, tiene experiencia y resultados, pero duda constantemente de sí mismo.

Y el que aprendió tres técnicas de cierre y ya no escucha porque cree que tiene todas las respuestas.

El responsable que lleva años gestionando personas y sigue formándose porque sabe lo complejo que es liderar.

Y quien recibe un ascenso y piensa que el cargo ya incluía automáticamente las habilidades.

La formación debería provocar algo curioso:
más seguridad y más humildad al mismo tiempo.

Seguridad porque incorporas herramientas.
Humildad porque cuanto más conoces una materia, más consciente eres de todo lo que todavía desconoces.

Por eso me chirría tanto escuchar:
"Yo ya hice un curso de ventas."

Perfecto.
¿Y?

Yo llevo años dirigiendo una empresa y sigo aprendiendo sobre ventas, liderazgo, IA, comunicación…

Porque el mundo cambia.
Los clientes cambian.

Las personas cambian.

Y nosotros deberíamos cambiar también.

Formarse no consiste en conseguir un diploma que certifique que ya sabes.
Consiste en ampliar tu caja de herramientas para estar mejor preparado para lo siguiente.

Estos los mando por correo antes que a ningún sitio. Apúntate y te llegan a ti.

Todos los principios