Hay medidas que parecen innecesarias… hasta que las
«Aquí nunca hemos tenido ningún problema.»
Durante unos días Martín empezó a encontrarse mal.
Lo curioso es que por las mañanas se levantaba perfectamente.
Desayunaba.
Jugaba.
Todo normal.
Hasta que se acercaba la hora de ir al colegio.
—Mamá, me duele mucho la barriga.
Médico.
No parecía haber nada.
Observación, dieta blandita y a casa.
Dos días después:
—Mamá, me duele muchísimo la cabeza.
Mismo procedimiento.
Y al día siguiente apareció una nueva.
No podía andar bien.
Hasta cojeaba.
Ahí ya había demasiadas piezas como para pensar que aquello era casualidad.
Y finalmente apareció el verdadero diagnóstico.
No era la barriga.
Ni la cabeza.
Ni la pierna.
Martín no quería ir al colegio porque no quería encontrarse con un niño concreto.
Y entonces se activó todo.
Hablar con su profesora.
Con dirección.
Explicar lo que estaba ocurriendo.
Y activar el protocolo correspondiente.
¿Y sabes qué?
Bendito protocolo.
Porque funcionó.
Se actuó.
Se hizo seguimiento.
Y mi hijo volvió a ir feliz al colegio.
Pero después pensé en la alternativa.
¿Qué haces como madre cuando ves que tu hijo no quiere ir al colegio y no sabes exactamente qué está pasando?
¿Qué haces si cada persona decide cómo actuar según su propio criterio?
¿Qué pasa si nadie sabe cuál es el siguiente paso?
Ahí entiendes por qué existen determinadas medidas.
Probablemente la mayoría de las familias nunca necesiten activar ese protocolo.
Ojalá.
Pero basta con que una lo necesite para entender su importancia.
En las empresas ocurre algo parecido.
Protocolos frente al acoso.
Medidas de igualdad.
LGTBI.
Desconexión digital.
Formación sobre determinadas materias.
Muchas veces podemos pensar:
"Aquí nunca hemos tenido ningún problema."
Perfecto.
Ojalá siga siendo así.
Pero las medidas preventivas no se crean para cuando todo va bien.
Se crean para que sepamos qué hacer cuando algo deja de ir bien.
Y aquí añadiría algo importante.
Tener un protocolo guardado en una carpeta para poder decir que lo tienes tampoco sirve de demasiado.
Hay que conocerlo. Y, llegado el momento, aplicarlo.
Porque cumplir por cumplir puede darte un documento.
Pero hacerlo bien puede darle a alguien una vía para pedir ayuda.
Y después de vivirlo como madre, tengo bastante claro de qué lado prefiero estar.
Así que sí.
Hay obligaciones que nos pueden parecer burocracia.
Hay formaciones que quizá nunca hubiéramos decidido hacer voluntariamente.
Pero existen.
Y muchas veces existen porque antes hubo personas que necesitaron una respuesta y no la encontraron.
Ya que tenemos que cumplirlas, hagámoslo bien.
Con criterio.
Sin esperar a tener el problema.
Y eligiendo nosotros el momento.
Porque el peor momento para descubrir qué deberías haber hecho…
es cuando ya necesitas hacerlo.
Esto lo trabajamos también en clase. Cursos de liderazgo y equipos.
Estos los mando por correo antes que a ningún sitio. Apúntate y te llegan a ti.
