Liderazgo · 12 de agosto de 2026

Si solo se ríe uno, quizás no era una broma

Andrea Corbalán

Hay una cosa maravillosa de los niños.
A veces te desmontan una situación con una pregunta de cinco palabras.

Hace poco estábamos hablando de una situación en la que un niño había hecho una broma a otro.
La típica.

—Pero mamá, si era una broma...

Y salió una pregunta muy sencilla:

¿Y el otro se estaba riendo?

Pues no.

Entonces quizá para los dos no era tan divertida.

Y pensé en la cantidad de veces que esto nos pasa también a los adultos.
Sobre todo en las empresas.

Porque aquí convivimos generaciones diferentes.

X.

Y.

Z.

Millennials.

Boomers.

Y alguna más habrá ya, porque sinceramente he perdido la cuenta.

Personas diferentes.

Educaciones diferentes.

Experiencias diferentes.

Y, por supuesto, límites diferentes.

Lo que para alguien es:
"No pasa nada, siempre hemos hablado así..."

Para otra persona puede resultar tremendamente incómodo.

Y aquí viene el problema.
¿Quién decide dónde está el límite?

Porque si cada uno utiliza únicamente su propio criterio, tenemos tantos límites como personas trabajando en la empresa.

Y precisamente para eso existen las normas.
Para establecer unos mínimos comunes.

Nos gusten más.

Nos gusten menos.

La formación en prevención del acoso es obligatoria cuando resulta exigible a la empresa, pero además puede servir para algo bastante más práctico que conseguir un certificado:
que todos sepamos dónde están los límites mínimos.

No tus límites.

No los míos.

No los de la persona que lleva 25 años en la empresa.

Unos límites compartidos.

Porque muchas situaciones graves no empiezan siendo graves.
Empiezan con una frase.

Una broma.

Un comentario que nadie corrige.

Otro.

Y otro.

Hasta que aquello que parecía insignificante empieza a afectar a una persona, al ambiente del equipo y finalmente al trabajo.

Por eso, si hay que hacerlo, hagámoslo fácil.
Y, sobre todo, elige tú cuándo hacerlo.

Porque puedes planificarlo ahora, buscar el momento que menos afecte al equipo y dejarlo resuelto.

O esperar a que el momento te elija a ti.

Y ya sabes cómo funciona Murphy.

Suele tener bastante mala leche eligiendo fechas.

Además, cumplir también transmite algo.
No puedes pedir a tus trabajadores que respeten las normas de tu empresa mientras tú decides cuáles de las tuyas merecen la pena y cuáles no.

Predicar con el ejemplo también es liderazgo.

Y quizá este sea un buen lugar para empezar.

Esto lo trabajamos también en clase. Cursos de liderazgo y equipos.

Estos los mando por correo antes que a ningún sitio. Apúntate y te llegan a ti.

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