Tus decisiones dejan de ser solo tuyas
«Ahí es cuando me siento realmente vivo.»
El otro día vi La Fiera.
Conocía más o menos la historia, pero verla me dejó varios días pensando.
Y de ahí sale este correo.
La película habla del salto BASE.
Personas que se lanzan desde montañas, edificios o acantilados y que, cuando les preguntan por qué hacen algo tan peligroso, explican algo que me llamó muchísimo la atención:
"Ahí es cuando me siento realmente vivo."
Y puedo entenderlo.
La adrenalina.
Estar completamente presente.
Ese instante en el que no existe el móvil, ni el trabajo, ni lo que pasó ayer, ni lo que tienes que hacer mañana.
Solo ese segundo.
Pero hubo algo que no podía quitarme de la cabeza.
Uno de ellos era padre de dos niños pequeños.
Y ahí, para mí, cambia la ecuación.
Porque puedes decidir cambiar de trabajo.
Separarte.
Irte a vivir a otro país.
Emprender.
Dejarlo todo y montar un chiringuito en Formentera.
Son decisiones tuyas.
Afectarán a otras personas, claro.
Pero hay determinadas decisiones cuyas consecuencias pueden quitarles a otros algo muchísimo más importante.
Y ahí aparece una palabra que no siempre nos gusta:
responsabilidad.
Porque cuando otras personas dependen de ti, tu libertad sigue existiendo.
Pero tus decisiones tienen consecuencias que ya no son únicamente tuyas.
Y pensé inmediatamente en las empresas.
Cuando tienes una empresa, tampoco todas las decisiones tienen el mismo nivel de riesgo.
Elegir un proveedor que finalmente no funciona puede costarte dinero.
Contratar un software equivocado puede darte unos cuantos dolores de cabeza.
Lanzar un producto que fracasa puede hacerte perder una inversión.
Forma parte del juego.
Pero existen otras decisiones diferentes.
No cumplir determinadas medidas de seguridad.
Ignorar obligaciones laborales.
No proteger correctamente determinados datos.
No tener determinados protocolos.
No cumplir con las obligaciones que corresponden a tu empresa.
Ahí la pregunta ya no debería ser únicamente:
"¿Me apetece hacerlo?"
Ni siquiera:
"¿Creo que esta norma tiene sentido?"
La pregunta debería ser:
"¿Qué consecuencias estoy dispuesto a asumir si decido no hacerlo?"
Porque detrás de una empresa no estás solamente tú.
Hay trabajadores.
Familias.
Clientes.
Proveedores.
Años de esfuerzo.
Un proyecto que probablemente te haya costado muchísimo construir.
Hay normas que me gustan.
Otras que entiendo menos.
Y algunas ante las que mi primera reacción también puede ser:
"¿Otra más?"
Pero ser responsable no consiste en cumplir únicamente aquello con lo que estás de acuerdo.
Consiste también en entender qué está en juego cuando decides no hacerlo.
Y esto aplica perfectamente a las obligaciones en materia de igualdad, acoso o LGTBI.
Puedes pensar:
"En mi empresa nunca ha pasado nada."
Ojalá nunca pase.
Pero la prevención funciona precisamente antes.
Antes de la denuncia.
Antes del conflicto.
Antes de la inspección.
Antes de la sanción.
Y, sobre todo, antes de que una persona de tu equipo necesite protección y descubras que no estabais preparados.
Por eso cada vez intento hacerme una pregunta antes de determinadas decisiones:
¿Qué pasa si lo hago?
Pero también:
¿Qué puede pasar si no lo hago?
Pon las dos respuestas en la balanza.
Y entonces decide.
Eso es decidir conscientemente.
Y creo que eso también es liderar.
Esto lo trabajamos también en clase. Cursos de liderazgo y equipos.
Estos los mando por correo antes que a ningún sitio. Apúntate y te llegan a ti.
